SON VELL
Son Vell es una finca de inspiración palladiana situada en el sur de Menorca, dominando una amplia llanura que desciende suavemente hasta el mar y la cala que lleva su mismo nombre. Entre tierra cultivada y litoral, la propiedad refleja el refinamiento asociado históricamente a la nobleza de Ciutadella, manteniendo al mismo tiempo una profunda conexión con su paisaje agrícola.
La finca fue adquirida en 1762 por el noble menorquín Josep Vigo Squella. Aunque los primeros registros apuntan a que la vivienda original pudo haber sido modesta, la propiedad experimentó una transformación significativa entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Elementos arquitectónicos como las águilas esculpidas en la fachada y una inscripción fechada en 1829 sugieren que la remodelación principal en villa palladiana tuvo lugar en la década de 1820, en un momento de crecimiento económico y cultural en la isla.
A lo largo de su historia, Son Vell mantuvo su carácter agrícola, con actividad ganadera y cultivo de tierras. Esta doble condición, residencia señorial y finca productiva, sigue definiendo su identidad.
Cuando se inició el proyecto, la casa principal conservaba gran parte de su presencia arquitectónica, mientras que las edificaciones agrícolas mostraban un estado de deterioro avanzado. La intervención buscó respetar ambas realidades: preservar la majestuosidad de la villa y regenerar las construcciones anexas con coherencia y sensibilidad.
Desde el principio, arquitectura, interiorismo y paisajismo se concibieron como un único proyecto. En las primeras fases de diseño ya se trabajaba no solo la recuperación estructural, sino también la atmósfera, asegurando que materiales, texturas y luz natural dialogaran de forma armónica.
El principal reto arquitectónico consistió en mantener intacto el lenguaje neoclásico de la villa incorporando al mismo tiempo instalaciones contemporáneas. Los sistemas modernos se integraron de manera discreta, preservando la lectura histórica del edificio. Vigas de madera recuperada, suelos tradicionales de barro cocido y paredes de cal natural refuerzan la continuidad material con la construcción original.
Durante la eliminación de revestimientos más recientes aparecieron trabajos de cantería en piedra de marés de gran calidad. Muchas de estas superficies se dejaron vistas, permitiendo que su textura y técnica constructiva formen parte esencial del relato arquitectónico restaurado.
El interiorismo se fundamenta en la autenticidad y la honestidad material. Los textiles y alfombras se seleccionan o encargan en fibras naturales como lino, yute, seda y algodón, utilizando exclusivamente tintes libres de químicos. La eliminación de plásticos y sustancias tóxicas responde a una filosofía de bienestar tanto para las personas como para el entorno. El mobiliario de nueva creación fue diseñado específicamente para el proyecto y producido localmente, garantizando coherencia y proximidad.
La sostenibilidad en Son Vell se entiende como regeneración. Se reutilizaron materiales antiguos siempre que fue posible, se recuperaron técnicas constructivas tradicionales y se trabajó con artesanos locales. Más allá de la arquitectura, la finca cultiva un huerto ecológico que abastece las cocinas del hotel, complementado con productos procedentes de proveedores locales y orgánicos, reduciendo así la huella de transporte y reforzando la continuidad agrícola del lugar.
La intervención paisajística fue igualmente determinante. Situada en una zona de vegetación escasa, alta exposición solar y riesgo de erosión, la finca requería una actuación ecológicamente consciente. Se ha replantado con una amplia selección de especies autóctonas y mediterráneas, mejor adaptadas al clima, que reducen el consumo de agua y aumentan la resiliencia del ecosistema. La conservación y refuerzo de la flora endémica favorece la biodiversidad y permite que el jardín se integre de forma natural en el paisaje.
Al inicio del proyecto, la finca presentaba dos áreas claramente diferenciadas: un jardín histórico con elementos formales y una zona agrícola sin apenas vegetación en torno a las edificaciones. El jardín original fue preservado, restaurado y enriquecido, incluyendo la incorporación de un jardín de rosas, mientras que en las áreas de villas se estructuraron espacios mediante la plantación de árboles, setos y vegetación baja, creando jardines privados y terrazas que invitan al paseo y a la contemplación.
En total, se han plantado 1.537 árboles en la finca, reforzando la regeneración ecológica y consolidando la continuidad paisajística.
El éxito de Son Vell reside en su integridad. El huésped camina sobre suelos de barro con más de dos siglos de historia, atraviesa puertas recuperadas y habita espacios donde arquitectura y paisaje conviven con naturalidad. No se trata de recrear el pasado, sino de prolongarlo con respeto, permitiendo que el edificio y su entorno continúen evolucionando sin perder su esencia.
IMÁGENES DEL PROYECTO