MIRAMAR
Resumen de la restauración y el diseño
Miramar es un palacio de traza decimonónica situado en el centro histórico de Palma, representativo de las grandes casas burguesas mallorquinas de mediados del siglo XIX. Su volumetría cúbica, el patio interior con zaguán, el studium dispuesto a un lado de la entrada, concebido originalmente como despacho profesional, los porxos con columnas y la simetría de las ventanas, culminada por la galería de la planta noble alla italiana, definen su carácter arquitectónico y su elegancia urbana.
La propiedad cuenta con ocho habitaciones con baño en suite, además de una habitación de servicio con su propio baño. Las áreas comunes incluyen salón con home cinema, gimnasio con piscina interior y vestuario, salón-comedor, desayunador, biblioteca, porche y terraza-solárium. Se completan con bodega, despacho, garaje para dos plazas de tamaño medio con espacio para moto y bicicletas, así como patios y terrazas interiores. Las zonas de servicio se organizan de forma independiente mediante lavandería, despensa, offices de limpieza y servicio, roperos, ascensor y montaplatos que comunican discretamente los distintos niveles.
Restauración arquitectónica
La vivienda había sufrido una intervención importante en 1974 que alteró en gran medida su identidad original. Muchos de los sistemas y soluciones constructivas resultaron precarios o poco coherentes con el material histórico. La restauración exigió un proceso constante de interpretación, ordenando las distintas capas del tiempo, leyendo cada huella e imperfección y recuperando relaciones espaciales y visuales que se habían perdido. El objetivo fue adecuar el edificio a su nuevo uso como estate privado sin traicionar su lenguaje arquitectónico, aplicando una economía de gestos capaz de integrarse de manera natural.
El uso de morteros de cal fue fundamental por su compatibilidad química y estructural con los materiales tradicionales, así como por su transpirabilidad y envejecimiento natural. Este criterio responde a una búsqueda consciente de soluciones sencillas y honestas.
Durante todo el proceso participaron artesanos locales, no solo como ejecutores sino como parte activa en la toma de decisiones. Carpinteros, herreros, canteros, caleros y restauradores aportaron su experiencia y conocimiento de las técnicas tradicionales de la isla. Destaca especialmente el papel de carpinteros y canteros, capaces de componer estructuras de techo sofisticadas que dialogan con elementos de piedra local en marés, cualificando y completando los espacios. La carpintería fue realizada por Treballs en Fusta Son Nassi y la cantería por Trossos de Marès.
Un capítulo relevante fue el proyecto Puertas de Miramar. En colaboración con la familia Madera-Fernandez se seleccionaron puertas del siglo XVII procedentes de colecciones familiares y anticuarios locales. Tras un proceso de restauración minucioso de cuatro años, se reinstalaron 53 puertas históricas. Para proteger la madera y permitir su correcta transpiración se aplicó una combinación de barniz ligero y cera natural, garantizando durabilidad sin perder autenticidad.
Interiorismo
El interiorismo aborda este palacio mediterráneo desde la vertiente más urbana de Vestige. Sin renunciar a la esencia serena y natural de la marca, el proyecto se enriquece con una mayor sofisticación en materiales y acabados. Mármoles y cuarcitas especiales, metales refinados, maderas nobles y textiles de alto gramaje con una amplia variedad de estampados construyen interiores ricos en matices y personalidad.
La mayor parte del mobiliario ha sido diseñada por el equipo interno de interiorismo de Vestige, integrado por siete diseñadores dedicados exclusivamente a los proyectos de la colección. El objetivo fue maximizar la experiencia de uso sin perder coherencia estética ni calidad. El resultado es un lenguaje ecléctico donde piezas contemporáneas a medida conviven con antigüedades cuidadosamente seleccionadas por la propiedad, buscando siempre elegancia y armonía.
Se incorporaron elementos constructivos antiguos como chimeneas y fuentes, junto con arte y piezas decorativas seleccionadas con criterio narrativo. En muchos espacios, una pieza antigua o un diseño propio del estudio actúa como eje conceptual. Por ejemplo, los tonos del tapiz del comedor sirvieron de base para diseñar una vajilla totalmente personalizada y pintada a mano. Entre las piezas más singulares destaca un antiguo altar barroco de madera policromada procedente de una iglesia, que se transformó en la barra del bar, otorgando un carácter único al espacio.
La iluminación es determinante en la atmósfera final. Muchas lámparas fueron diseñadas a medida para el proyecto y realizadas por MC Lighting, utilizando materiales como latón, alabastro y linos antiguos. El esquema lumínico combina luz ambiental tenue con acentos puntuales, calibrados según la incidencia de la luz natural. Las piezas de cerámica fueron también encargadas específicamente para Miramar a Sai Ceramics, aportando singularidad y detalle artesanal.
Experiencia espacial y concepto
A nivel espacial, la amplia fachada sur orientada al mar contrasta con la intimidad más recogida de los interiores propios de los palacios mallorquines. Los patios y terrazas interiores actúan como espacios intermedios que equilibran luz y recogimiento.
Miramar se concibe como un estate privado de Vestige, pensado para familias y grupos que desean celebrar encuentros especiales en un entorno exclusivo. Combina habitaciones generosas con zonas comunes amplias que permiten tanto la convivencia como el retiro, además de piscina cubierta, gimnasio y bodega. Incluye servicio de limpieza, host o conserje y desayuno, con posibilidad de incorporar servicios adicionales como chef privado, niñera o chófer.
Miramar encarna lo que definimos internamente como las tres C: Calidad, Calidez y Calma. A través de estos principios se busca una atemporalidad basada en el lujo contenido, el uso de materiales naturales de máxima calidad, texturas confortables y una paleta cromática equilibrada con acentos precisos que dotan al palacio de una personalidad propia.
La arquitectura y el diseño en Miramar no solo preservan la historia, sino que la proyectan hacia el presente con coherencia y sensibilidad, ofreciendo una experiencia que combina memoria, sofisticación y sostenibilidad.
IMÁGENES DEL PROYECTO