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Son Ermità
Son Ermità se alza sobre una colina, dominando el paisaje menorquín con vistas abiertas al mar y al interior de la isla. Ejemplo representativo de la influencia británica en Menorca durante la segunda mitad del siglo XVIII, la casa principal responde a una inspiración palladiana: una arquitectura concebida más para el disfrute contemplativo que para la explotación agrícola.
Desde su adquisición, el proyecto partió de un estudio profundo de la finca, su historia y su contexto territorial. El objetivo fue claro: restaurar sin alterar la identidad, consolidar sin desvirtuar. Mantener el espíritu de la propiedad, siempre la casa del señor de la finca, fue el hilo conductor de toda la intervención.
La restauración abordó tanto la vivienda principal como las edificaciones agrícolas anexas, adaptándolas a un nuevo uso hotelero sin perder su esencia rural. Se recuperaron elementos estructurales mediante técnicas tradicionales, como los arcos de piedra reconstruidos con plantilla y corte manual de sillares. Canteros y carpinteros locales desempeñaron un papel fundamental en la consolidación de muros, la restauración de puertas antiguas y la colocación de vigas de madera.
El enfoque constructivo priorizó materiales naturales y de proximidad: piedra de la finca, morteros de cal, áridos locales y madera recuperada. Se evitó el uso de cementos, favoreciendo sistemas compatibles con la arquitectura histórica y con menor impacto ambiental.
La sostenibilidad no se entendió como una adición, sino como una continuidad de la lógica tradicional de la finca: recuperación de sistemas de recogida de agua, optimización de recursos existentes e incorporación de tecnologías contemporáneas, geotermia, paneles fotovoltaicos y sistemas avanzados de depuración, integradas de forma discreta.
En paralelo, el proyecto de interiorismo profundiza en esta misma filosofía. Maderas y piedras naturales, textiles como el lino lavado, fibras vegetales y una paleta cromática desaturada construyen una atmósfera serena. El mobiliario combina piezas diseñadas por el estudio y realizadas por artesanos de la isla con arte y mobiliario antiguo recuperado. El resultado es un lujo contenido, donde cada elemento es esencial y convive en armonía con la arquitectura.
El paisajismo prolonga el carácter del lugar, de apariencia natural, integra muros de piedra seca, caminos de tierra compactada y especies autóctonas adaptadas al viento salino. La plantación de nuevo arbolado, más de 80 árboles en Son Ermità, y miles de especies arbustivas y tapizantes refuerzan la biodiversidad y restauran el equilibrio ecológico del entorno que se había perdido. El jardín se asienta cuidadosamente sobre el terreno en pendiente, configurado por terrazas a distintos niveles en las que se ubican piscinas, miradores y áreas estanciales. La transición entre los distintos ambientes y zonas se produce de manera fluida a través de rampas y escaleras que finalmente nos trasladan a los caminos que recorren los parajes y rincones de la extensa finca.
El mayor reto fue conciliar la adaptación a un nuevo uso con la preservación de la memoria colectiva del lugar. El mayor logro, permitir que Son Ermità evolucione sin perder su alma, ofreciendo confort contemporáneo mientras permanece profundamente arraigada a su historia y a la identidad de Menorca.
Binidufà
Binidufà es un ejemplo claro de finca menorquina tradicional vinculada históricamente a la actividad ganadera. Aunque no existen datos precisos sobre su fecha de construcción, el origen de la finca se remonta a la época medieval, y se estima que las edificaciones principales superan el siglo de antigüedad y podrían situarse a comienzos del siglo XIX.
La propiedad respondía al modelo clásico de organización rural de la isla: la casa del payés como vivienda del agricultor encargado de la explotación, bajo la titularidad del “señor” propietario. Esta estructura social y productiva dio forma a un conjunto arquitectónico funcional, profundamente arraigado al territorio.
El mayor reto de la restauración fue consolidar las edificaciones existentes y dotarlas de las instalaciones necesarias para albergar un nuevo uso turístico, sin alterar su identidad agrícola. Se preservaron la escala, la volumetría y el carácter de los muros de piedra, empleando técnicas tradicionales como la “pedra i morter” en la consolidación de las boyeras, una técnica constructiva propia de la isla.
Los canteros locales desempeñaron un papel esencial en la recuperación de los muros que conforman las fachadas principales, asegurando continuidad material y coherencia histórica. Se priorizó el uso de piedra, madera y cales naturales, utilizando áridos de la zona para los morteros, con soluciones compatibles con la arquitectura original y sin impacto ambiental.
El interiorismo responde a una idea de lujo contenido: pocos elementos, todos esenciales, de gran calidad y en equilibrio con la arquitectura que los acoge. Maderas y piedras naturales con acabados rústicos, linos lavados, fibras como el yute y la rafia, y una paleta cromática de tonos desaturados y empolvados construyen una atmósfera serena y honesta.
Gran parte del mobiliario ha sido diseñado por el estudio y realizado por artesanos de la isla, otras piezas son elementos antiguos recuperados por la propiedad a lo largo del tiempo, reubicados para darles una segunda vida. El objetivo estilístico no fue reproducir una estética balear estándar, sino reinterpretar su esencia tradicional en diálogo con elementos contemporáneos atemporales.
El paisajismo refuerza el carácter dual de la finca, agrícola y forestal. Binidufà se asienta en una ladera orientada hacia el interior de la isla, donde confluyen campos de cultivo y masas boscosas. Se han plantado 250 árboles y aproximadamente 3.300 plantas de distintos tamaños, potenciando tanto el carácter productivo como la biodiversidad.
Se incorporaron frutales tradicionales de la isla, olivos, almendros, algarrobos, nísperos, membrillos y albaricoqueros, y se reforzó el bosque existente mediante encinas, acebuches, madroños, labiérnagos y lentiscos. La reforestación con especies autóctonas contribuye a la salud del ecosistema, proporcionando alimento y refugio para aves e insectos polinizadores.
Los espacios exteriores se organizan entre campos frutales, zonas de bosque y patios íntimos. Las áreas más públicas, piscina, bar y restaurante, se vinculan al paisaje agrícola, mientras que el bosque se introduce en los patios de las habitaciones, garantizando privacidad y sombra.
Los materiales exteriores son igualmente locales y naturales: muros de piedra seca, pavimentos de marés recuperado, piedra de la propia finca y caminos de tierra compactada. Se emplean pavimentos permeables para respetar el ciclo hidrológico natural, y se han mejorado los sistemas de drenaje para gestionar escorrentías en episodios de tormenta.
Binidufà no es una transformación radical, sino una evolución consciente: una finca que mantiene su memoria agrícola y su identidad menorquina mientras se adapta con serenidad a una nueva etapa.
IMÁGENES DEL PROYECTO